Memoria agradecida, esperanza viva: 17 años de nuestra diócesis
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Diecisiete años caminando juntos como Iglesia local. Diecisiete años de historia tejida con alegrías y también con pruebas. Diecisiete años que nos impulsan a asumir con mayor responsabilidad el protagonismo en la evangelización de estas tierras laguneras de Durango.
El 25 de noviembre de 2008, el Papa Benedicto XVI, mediante la bula Metropolitanae Ecclesiae, anunció la creación de una nueva diócesis con sede en Gómez Palacio, ciudad lagunera del estado de Durango. Fue el fruto de años de intenso trabajo impulsado inicialmente por el señor Arzobispo José Trinidad Medel (+), entonces Arzobispo de Durango, junto con Mons. Juan de Dios Caballero, y posteriormente por Mons. Héctor González Martínez, quien continuó promoviendo este proyecto hasta que, por gracia de Dios, se confirmó su creación y se nombró a su primer Obispo, Mons. José Guadalupe Torres Campos.
La alegría inundó a los fieles de esta nueva diócesis, quienes con entusiasmo y esperanza prepararon todo para el 17 de febrero de 2009, fecha que marcaría el inicio de esta Iglesia particular con su erección canónica.
Y llegó el gran día. Autoridades municipales y eclesiásticas, sacerdotes y laicos fuimos testigos de aquel momento histórico, en el que Mons. José Guadalupe Torres Campos expresó a los presentes: “les doy la llave de mi corazón”. Así comenzaba este caminar juntos, de la mano de Dios y bajo el amparo de Santa María de Guadalupe.
Pero en diciembre de 2014 una noticia sacudió a la diócesis: “El Santo Padre Francisco ha nombrado Obispo de Ciudad Juárez a Mons. José Guadalupe Torres Campos, hasta ahora Obispo de Gómez Palacio”. Fue una noticia dolorosa para los fieles, pero vivida con la firme esperanza de que Dios nunca abandona a su pueblo.
Un año después llegaron buenas noticias: “El Papa ha nombrado Obispo para Gómez; viene de Mexicali, don Fortunato es su nombre”. Con el hashtag #SomosAfortunatos, la Pastoral Juvenil convocó a todos a recibir al nuevo pastor, quien llegó a esta tierra el 16 de marzo de 2016.
Sin embargo, la salud de Mons. José Fortunato Álvarez Valdéz comenzó a deteriorarse. En 2018 su condición empeoró y, el día de su aniversario episcopal, fue trasladado de urgencia a un hospital en la Ciudad de México. Ese día fue la última vez que lo vimos. De marzo a noviembre, toda la diócesis elevó largas jornadas de oración por su salud; queríamos tenerlo nuevamente entre nosotros, escuchar su voz. Y se nos concedió un último signo de cercanía: durante la Comunión Eclesial de octubre de 2018 envió un video saludando a todos y pidiendo que oráramos por él y con él, “en comunión de oraciones”. Fue la última vez que lo escuchamos, pues el 6 de noviembre don Fortunato fue llamado a la Casa del Padre. La diócesis lloró a su pastor, que quiso permanecer para siempre en medio de su pueblo.
De nuevo sin obispo, de nuevo pidiendo a Dios un nuevo pastor. Fue hasta mayo de 2019 cuando el Papa nombró a Mons. Jorge Estrada Solórzano, quien tomó posesión el 3 de julio. Bajo su guía se ha impulsado la creación de la Casa Sacerdotal y la implementación del Plan Diocesano de Pastoral iniciado desde el tiempo de Mons. José Guadalupe. Con él seguimos caminando, abriéndonos a nuevos horizontes y enfrentando nuevos desafíos, pero con un mismo propósito: ser una Iglesia en misión y en sinodalidad.
¿Y qué esperamos como diócesis? ¿Cuáles son nuestros retos? Entre ellos, promover y acompañar las vocaciones, orando con insistencia por ellas. También, evangelizar con renovado ardor a las nuevas generaciones. Todo esto lo realizaremos juntos: pastor y fieles, sacerdotes y laicos, como un solo pueblo de Dios.
Diecisiete años caminando juntos. Diecisiete años forjando una historia y una identidad como Iglesia local de Gómez Palacio.
Y esta historia… continúa.

