Adviento: nuestro camino hacia la Navidad
- diocesisgp
- hace 1 día
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Ahora caminamos en la oscuridad de la fe, pero algún día contemplaremos a Cristo en el esplendor de su gloria (cf. Intercesiones de Vísperas, II martes de Adviento). Esta es la esperanza que da sostén a nuestro peregrinaje. La esperanza del Adviento se encuentra en el ámbito de las promesas mesiánicas y la vivificante visión del reino de justicia y amor al Salvador, así pues, la fe cristiana se funda en el “anuncio gozoso” sembrado en la tierra oscura y con frecuencia ensangrentada de la historia.
Nuestra meta es el “día de Cristo Jesús” (Flp 1, 6; segunda lectura del III domingo, ciclo C) que da sentido a nuestro camino y en la espera de la revelación de este día debemos vivir con sobriedad y amor en este mundo (Invocación de Laudes, II domingo). San Cipriano nos recuerda que nuestra esperanza ha de ser paciente y perseverante:
“Es necesario, hermanos muy queridos, tener la paciencia y perseverar, para que, después de ser admitidos a la esperanza de la verdad y de la libertad, podamos alcanzar esa misma verdad y libertad” (Segunda lectura del Oficio de lectura del sábado I)
El Adviento, como toda la vida cristiana, es espera del cumplimiento de acontecimiento por excelencia: la revelación salvífica de “aquel que es, que era y que será” (Apoc 1, 8). La espera mantiene en tensión el hilo del compromiso cristiano e ilumina el futuro hacia donde tiende el presente. Sin embargo, el futuro de Dios ya irrumpió en nuestra vida. La liturgia del Adviento, en especial del 17 de diciembre en adelante, es ya celebración de la presencia de Dios en la historia:
- Aquel que la virgen llevó en su seno, es llamado Emmanuel, Dios con nosotros (Is 7, 14)
- El Señor no está lejos de quien lo invoca con corazón sincero (Intercesiones de vísperas martes I).
- Ignorado por el mundo, él está presente en medio de nosotros (Laudes jueves I).
Dios está con nosotros en la cotidianidad de la historia y en el rostro de nuestros hermanos. Esta presencia es una presencia exigente; no desea sólo confrontar sino también intenta ser un incentivo al compromiso, es decir una invitación a la acción, pues somos llamados a anunciar y a ser testimonio de esta presencia en el mundo. Por la tanto, la historia se presenta como la única trama continua que construyen juntos Dios y el hombre.
La corona de Adviento: signo de nuestra preparación para la Navidad
La corona de Adviento es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso. La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión.
La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad.
El color verde de la corona significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.
Además, como recuerda el bendicional, la corona encierra en sí varios símbolos: en primer lugar, la luz, que señala el camino, aleja el miedo y favorece la comunión; y para los cristianos es símbolo de Jesucristo, luz del mundo, tal y como se expresa en este pasaje de la Sagrada Escritura: “¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!” (Is 60,1). En segundo lugar, el color verde de la corona significa la vida y la esperanza. En tercer lugar, el hecho de encender cada semana los cirios de la corona pone de relieve la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad.

