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La vida consagrada, luz y esperanza para la Iglesia diocesana

  • diocesisgp
  • hace 2 días
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Celebración de la Vida Consagrada en la diócesis de Gómez Palacio
La Vida Consagrada sigue siendo signo de esperanza, profecía y luz en medio del mundo

Acontecer diocesano, 2 de febrero de 2026.- En el marco del Día de la Vida Consagrada, el señor obispo Jorge Estrada Solórzano presidió la celebración eucarística para pedir de manera especial por las consagradas y consagrados de las distintas casas religiosas e institutos de vida secular presentes en la diócesis.


Durante la homilía en la fiesta de la Presentación del Señor, el obispo invitó a los fieles a contemplar el profundo significado teológico de esta celebración, centrada en Cristo como luz de Dios que ilumina a la humanidad, y en María, la perfecta discípula, con quien comienza la vida de la Iglesia. En este contexto, subrayó que la vida consagrada es un don invaluable para la Iglesia diocesana y una oportunidad permanente para agradecer a Dios por la vocación y misión de quienes han entregado su vida totalmente al servicio del Reino.


Recordó que, aunque todos los bautizados participan de la consagración cristiana, la vida consagrada manifiesta de manera particular una entrega que se convierte en luz y esperanza para el mundo, siendo profecía y anticipo de la vida eterna. Citando a san Juan Pablo II, afirmó que la vida consagrada es “el pulmón que permite a la Iglesia seguir respirando aire limpio”, gracias a su espiritualidad purificadora y renovadora.


Al reflexionar sobre el Evangelio, destacó las figuras de Simeón y Ana, quienes, al reconocer al Salvador, se convierten en testigos de la luz. De la misma manera —afirmó— las personas consagradas son hoy hijas de la luz, llamadas a iluminar las realidades marcadas por la desigualdad, la soledad, la indiferencia y la pérdida del sentido trascendente. Frente a esta “noche oscura”, la vida consagrada se presenta como modelo de fraternidad, cercanía y sanación de las heridas del mundo.


Asimismo, el obispo explicó que los votos de pobreza, castidad y obediencia son un signo profético que libera el corazón, dignifica la persona humana y orienta la vida hacia la misión compartida, mostrando que Dios es el verdadero centro de la existencia. Por ello, comparó a la vida consagrada con un faro en medio de la noche, que señala el puerto seguro y recuerda la presencia viva del Señor en medio de su pueblo.


Finalmente, encomendó a toda la Iglesia diocesana —al presbiterio, a la vida consagrada y a los fieles laicos— a la protección de la Virgen María, venerada en esta fiesta bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, pidiéndole que siga siendo luz y guía segura hacia Cristo.


Con esta celebración, la diócesis renovó su gratitud y oración por quienes, desde la vida consagrada, continúan siendo signo de esperanza, profecía y luz en medio del mundo.



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