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“El sacerdocio no es una cuestión de mérito, sino de llamado”: Padre Job celebra su primera Misa

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El padre Job celebró su primera Misa.
El padre Job celebró su primera Misa.

Gómez Palacio, Dgo. 31 de agosto de 2026.— La tarde de este lunes, la Iglesia Catedral de Santa María de Guadalupe fue escenario de la Canta Misa del Padre Job Jonathan Herrera Hernández, quien el pasado viernes recibió el Sacramento del Orden Sacerdotal, en una celebración marcada por la alegría, la gratitud y la acción de gracias por el don del sacerdocio.


La celebración eucarística contó con la presencia de los padres del neosacerdote, familiares y miembros de la comunidad diocesana. Junto al Padre Job concelebraron diversos sacerdotes de la Diócesis de Gómez Palacio, entre ellos el Padre Julio Carrillo, el Padre Alejandro Lugo, el Padre Arturo Macías y el Padre Refugio Ochoa; también estuvieron los nuevos diáconos Pavel Andrei Tolentino Reyes y Uriel Calderon Villegas.


Durante la homilía, el Padre Julio Carrillo dirigió unas palabras de profundo significado al nuevo sacerdote, invitándolo a contemplar su ministerio no como un mérito personal, sino como fruto de la llamada y del amor de Dios.

“El sacerdocio no es una cuestión de mérito, sino de llamado”, recordó el Padre Julio, subrayando que es Cristo quien elige, llama, prepara y envía a sus discípulos para servir a su Iglesia.


Explicó que el sacerdocio es un don, una elección y una gracia inmerecida, fruto del amor de Dios, que se sirve incluso de la fragilidad humana para llevar adelante su obra. Por ello, animó al Padre Job a vivir siempre consciente de que lleva “este tesoro en vasijas de barro”, poniendo su confianza en Dios y no solamente en sus propias capacidades.


Destacó también la misión que el nuevo sacerdote está llamado a realizar en medio del Pueblo de Dios: ser instrumento de la misericordia, del perdón, de la gracia y de la ternura de Dios, especialmente con los pequeños, los pobres, los desvalidos, los abandonados y quienes más necesitan experimentar el amor del Buen Pastor.


“Que tu vida se convierta en una Misa continuada”

“No te acostumbres jamás a celebrar la Santa Misa, para que así tu vida se convierta en una ‘Misa continuada’”, expresó el Padre Julio. Señaló que cada celebración eucarística será para el sacerdote una oportunidad de poner sobre el altar los gozos, fatigas, sueños, deseos y dolores propios y de sus hermanos, para presentarlos ante Dios y pedir que sean transformados por su gracia.


Invitó al nuevo sacerdote a recordar siempre la grandeza de las tareas que Dios pondrá en sus manos: anunciar el Evangelio, bautizar, perdonar los pecados en el Sacramento de la Reconciliación, acompañar y consolar a los enfermos, bendecir a las familias y conducir a muchos hombres y mujeres hacia el encuentro con Cristo.

 

Un sacerdote de oración, fe y corazón mariano

En la parte final de su homilía, el Padre Julio compartió con el Padre Job tres consejos para su ministerio sacerdotal. El primero fue ser un hombre de oración, de penitencia y de total docilidad al Espíritu Santo. “En la oración tendrás la posibilidad de entablar un diálogo con Dios, para poder después anunciarlo a tus hermanos”, señaló.


Advirtió también sobre el peligro del activismo y de sustituir la oración por técnicas o métodos pastorales. Invitó al nuevo sacerdote a no convertirse en un “burócrata de la fe”, sino a mantener siempre la oración como fuente de alegría y de fecundidad en su ministerio.


El segundo consejo fue no acostumbrarse nunca a celebrar la Santa Misa, manteniendo vivo el asombro ante el misterio de la Eucaristía y reconociendo en ella el centro de su vida sacerdotal.


Finalmente, le pidió “marianizar” su sacerdocio, poniendo su ministerio bajo la protección de la Virgen María y aprendiendo de Ella a acompañar a Cristo con silencio, entrega y fecundidad. Recordó especialmente a María al pie de la Cruz, participando en la entrega de su Hijo.


Al término de la celebración eucarística, el Padre Job dirigió unas palabras de agradecimiento a los presentes, especialmente por las oraciones y el acompañamiento que ha recibido a lo largo de su camino vocacional.


Con emoción, recordó que ingresó al Seminario Menor junto con un grupo de 35 seminaristas, de los cuales, después de todo el proceso formativo y vocacional, él fue el único que llegó a recibir la ordenación sacerdotal.


Asimismo, expresó su gratitud a los diferentes grupos y comunidades de la Catedral por el acompañamiento que le han brindado durante estos años. Con sencillez, reconoció: “Más de lo que yo pude acompañarlos, ustedes me han acompañado siempre”.

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